viernes, marzo 17, 2006

Dedicada otra vez a la mala escritura … y al más puro y real de los sentimientos “la envidia”.

Angelito de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día … los puntos suspensivos indican la frase con que me dormía todos los días desde que tengo uso de razón, desde los cuatro o cinco años hasta los … alguna cifra veinteañera que como la oración ya se me olvido; la cadena de oro con la medalla de la virgen de los milagros que lleve puesta desde los nueve años, cuando hice mi primera comunión, hasta bien entrados los noventa me la robaron unos ladroncitos para comprarse un bareto y disfrutar un rato de la traba somnolienta que produce la marihuana; una virgencita rustica y feita que compre en Raquira se me quebró, como la fe que mueve montañas; igual pasó con la ilusión del cole de la vida soñada, una vez terminaban las clases, la misma que se desvaneció junto con las poéticas ideas revolucionarias que mi sicorigida personalidad nunca permitió que afloraran en la cantera universitaria donde estudie; de proyecto de vida no me queda más que un cartón de un diplomado que hice una vez a distancia, y dice proyectos … ambientales; por mi cabeza nunca paso la idea de establecerme en línea recta, a la manera tradicional de crecer, casarte y comprarte un TV pantalla plana, tampoco ponerme un traje sastre con un maletín de ejecutiva, mirar por encima de las gafas y llevar el pelo liso liso por el secador; así que con la fe quebrada, los sueños y las ideas desvanecidas, pantalones, zapatos planos y busitos y el proyecto de vida en un papel, decidí enfrentarme, en líneas ambiguas, al mundo de la adultes, medio soberbia medio desparpajada, medio tranquila, incluso medio pálida, mi color natural … pero que va sin fe, sin proyecto de vida, sin tacones y sin TV pantalla plana no es fácil asumir la existencia, y por eso en vez de palidecer aún más o sonrojarme por el tiempo perdido con mi cacareada personalidad, mi piel se ha tornado verdosa por la envidia (el único sentimiento que no es incoloro) que siento por las personas que llevan colgada una crucecita, estrella de David o media luna en el cuello; las que se tocan la cabeza, los dos hombros y el pecho en una ordenada revista gimnástica cuando pasan por una iglesia, aún más por las que piden un deseo cuando entran por primera vez a una capilla, pasan por debajo de un túnel o apagan las velitas de la torta del cumpleaños; por las que tocan madera o hueso de vieja, las que creen, creen y vuelven a creer en las historias de miedo y en la vida eterna, si la misma que sigue después de la muerte; por las que ansiosas se leen la taza del chocolate (yo a duras penas me tomo dos traguitos), las líneas de la mano no importa lo reseca que este, la carta astral, el calendario maya, el i ching, el iris y el Tarot; que envidia siento por los que disfrutan de los consejos sabios de los sicólogos, las gotas bioenergéticas y las agujitas del acupunturista; también siento envidia por las bibliotecas llenas de libros de superación personal, por los que lloran leyendo los párrafos de Anthony de Mello, Choppra, Louise L. Hay y Chiquinquirá Blandón; ahhh también por los babosos enamorados, y las chocolatinas, y los regalos, y los sobrenombres rosas como osito - osita, el murmullito telefónico y el metalenguaje infantil propio de esas lides del amor; tengo envidia además por las que usan falda y tacones, y disfrutan medio día en la peluquería oyendo las bestialidades del peluquero, pero que va yo estoy llena de uñeros porque nunca nunca nunca me hecho el manicure; siento Envidia por los que en la oficina te hablan todo el día de los adelantos de Camila la hija, y tienen la foto de los dos niños pegada en el paño de la división, por los que a la hora del almuerzo compran un dulce para Manuela y por la tarde aprovechan un ratito de la conexión a Internet para llevarles las tareas y consultas a laura y Melisa.

Siento envidia por los seguros (que no tienen idea de nada) que creen que se las saben todas así estén equivocados, por los que tienen celular que funciona, se saben su propio número y todo el día les entran llamadas; Envidia por las que compran productos por catalogo, como cremas para la piel, que traen de regalo una cartera plástica para los cosméticos (que nunca tendré), desodorantes, ropa interior femenina y bebidas adelgazantes; envidia por los que, como una muestra adicional de superación personal, van a charlas de Anway, Avon, para hacerse un dinerito extra con las ventas directas y tienen la certeza de que pronto les entregaran, como premio a su inquebrantable constancia, el carro marcado que te identificará frente a los demás como la vendedora estrella de Yambal.

Envidia por los que tienen carácter para tomar decisiones, bien sea con el corazón o con la masa cerebral, envidia por los que creen con convicción que son felices, aunque todos sabemos que la felicidad tan inodora, tan insabora, tan incolora, no existe … envidia por los que se acuestan y en vez del ruido insoportable del despertador son despertados por el suave murmullo de las animas, las mismas que viven en el purgatorio;

… envidia por los que se duermen con una pregunta difícil de contestar y amanecen con la respuesta enredada entre las cobijas y la almohada …

jueves, febrero 23, 2006

Quinta entrega









Dedicada a la mala escritura, a propósito de Charles Bukowski, un perdedor sin pretensiones. Advertencia, en letra menuda, esta crónica esta tan pesada y mal escrita como la vida misma.


Es extraño como nos imaginamos los países, las ciudades, los lugares, las pinturas, los personajes de los libros, los sitios cliché, siempre nos llevamos una sorpresa por dimensionar o subestimar, nos alejamos o acercamos un milímetro o un kilómetro de lo real. la Estatua de la libertad, la Torre Eiffel y la Puerta de Alcalá, eran más pequeñas de lo que algún día pensé; La Monaliza, la fotografiada vedette del Louvre, una simple e insulsa solterona; el río Amazonas, mucho más grande, majestuoso e inmenso; el viaje en ferry hasta Mompox, no bastaba con atravesar el Magdalena, La Selva del Darien, Tan húmeda y llena de ranitas de colores; el Mar de Sapzurro, mi color preferido; el viento en una tarde de otoño en Venecia, fresco y melancólico, Alicia en el País de las Maravillas y el conejo en Central Park, tan apresurados por el césped; el barrio la Macarena acá en Bogotá, como un juego de lucecitas blancas de navidad, las casonas de la Habana Vieja, frescas y grandes.

Con las ruinas de Machu Picchu me paso igual, las imagine distintas, diferentes, quizás la cantidad exagerada de turistas desvaneció un poco el encanto, si las ruinas, las que salen en postales, las que descubrió a principios del siglo XX un profesor norteamericano, las mismas que quedan en un pedazo de los Andes … Machu Picchu sabe a pieza de museo, a guía con guión aprendido a la fuerza, a lista de chequeo de people and arts, discovery channel y todos esos programas seudo interesantes que pasan por la tele, huele a ruinas redundantes, ya conocidas, ya habitadas por cualquiera en cualquier vida, a entrada con boleto a pedazo congelado en el tiempo, a lo que sabe una lata de comida en conserva, Machu Picchu, sabe a caramelo repetido, a libro de historia del cole, lo podes conservar en afiche, en camiseta, en cenicero, en libro guía, en el lonely planet robado o si lo queres tener más cerca de tu cuerpo imprimí una postal en una toalla playera y ya esta (me van a matar las agencias de turismo, los puristas defensores de los grandes sitios de la humanidad, los peruanos, los latinoamericanos hasta la cabezona de Mercedes Sosa, pero que va … me arriesgo a contar mi verdad)



La anterior percepción fue premeditada, porque sin querer sin intuirlo siquiera, antes de subir a la Montaña joven o a la montaña vieja ya se me ha olvidado, recorrí un circuito no tradicional en las guías de promoción, y así conocí el breve espacio (palabras robadas de una canción de protesta) donde habita la melancolía y la nostalgia, la tranquilidad y la paz, la tierra del silencio, de la perfección, el cielo en el que nunca creí ni llegare a creer, la tierra de los antepasados, de los que ya no están, a Maras se llega a través de una carretera ubicado al occidente del Qosqo a 3300 m.s.n.m. y sobre un llano que en época prehistórica fue una gran meseta. Desde allí se aprecia parte de la cordillera de Urubamba y las cumbres nevadas del "Weqey Willka" 5682 mts. y el "Chikón" 5530 mts.

A unos 7 kms. al suroeste de Maras se halla Moray; grupo arqueológico único en su género, se trata de depresiones u hoyos naturales gigantescos en la superficie del terreno que fueron utilizados para construir en sus contornos terrazas o andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación; por sus condiciones climáticas y otras características, fue un importante centro de domesticación, aclimatación e hibridación de especies vegetales salvajes que fueron modificadas o adaptadas para el consumo humano.


Hacia el noroeste del pueblo de Maras se encuentran las salineras conocidas por algunos como "minas de sal" están constituidas por unos 3000 pozos pequeños con un área promedio de unos 5 m, construidos en un costado de la inclinación de la montaña de "Qaqawiñay", padeci durante toda la tarde que recorrí estos lugares el Síndrome de Sthendal*, por la belleza que trae consigo la sensación del abandono, la placidez del silencio, de estar con uno mismo y con los otros, camine descalza y despojada de todo por la tierra en la que te dan ganas de morir, de descansar por siempre, el viento frió y fuerte de los andes ... lugares dolorosamente perfectos, habitados por la agradable y liviana sensación que produce el vacío.

*Síndrome de Stehndal: El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte, a mi me ataco por la belleza del paisaje.

miércoles, enero 18, 2006

Cuarta Entrega … de un relato interminable

Lo confieso … estuve a punto de desistir y no escribir más, las anteriores crónicas serían la historia de un viaje inconcluso, igual todos los días llegan y salen turistas del Perú; sin embargo vencí mi característica principal, aburrirme rápido de las cosas nuevas, yo adoro y soy adicta, continuando con el tema de las adicciones, de la rutina, escuchar la misma canción dos mil quinientas veces hasta desintegrar el CD, ver la misma peli, usar la ropa igual todos los días, y no tolerar que modifiquen la disposición de mis objetos y muebles, eso puede realmente descontrolarme, además de llevar por más de veinte años una hebilla café sencillísima, hecha en Francia la cual denomino hebilla mágica, si se me pierde … catástrofe de un intento de autista, con la gente soy igual, soy resistente en extremo a conocer personas nuevas y que; y las que he conocido a lo largo de mi vida - como no hago ningún esfuerzo por relacionarme - se han ido desvaneciendo como las manchas de pintura de una camiseta vieja que lavas y lavas y vuelves a lavar.

Como dice la canción, solo mi madre me comprende a mi, ah se me olvidaba adoro el azul, mi camisa de la suerte la vieja y la nueva, que son exactamente iguales tienen rayitas azules, duermo en una cama con sabanas azules, duvet azul, fundas azules, pantalón de pijama azul y para variar siempre tengo que dormir con un busito que también es azul, el tendido de la cama es azul, igual que el cielo azul.

Acabo de leer los párrafos anteriores y me ha dado un ataque de risa de las tonterías que escribo, peor de la tontería de rutina obsesiva de vida que llevo, si también me rió sola y de acuerdo con las últimas descripciones de personas cercanas del tercer tipo, soy demasiado parca, seria (detesto esa palabra) detestable tal vez fastidiosa, me encantan los niños para alterarlos, no tengo fe en que el mundo cambiara, pero igual todos los días me levanto, a veces sonrió solo a veces y se me hacen dos huequitos en cada una de mis mejillas, siempre siempre llevo la ceja derecha despeinada y sí lo acepto soy medio h.p. tengo un humor negro, sórdido, macabro, mis comentarios son ácidos y cítricos peores que la serpiente de la canción de Silvio, yo no sueño con serpientes, yo soy una serpiente.

Obsesiva, compulsiva, excesiva en lo rutinario, critica mordaz y también soberbia, por que una introducción casi egocéntrica para dos parrafitos sobre la continuación de las crónicas de viaje, porque esta va dedicada a las personas que me aguantaron y con quienes compartí esta historia, que hicieron que al menos durante una semana cantara todo el día canciones de salsa que nunca me interese en aprender, que me riera en exceso, que deseará con la mayor intensidad volverme buena, que metiera el dedo índice en todos los panes, tortas, purés y almohadas e incluso en la barrigota de una turista no me controle y le hundí mi dedo en su súper barriga lo cual además nos hizo reír hasta el cansancio, hasta el dolor que te produce en el abdomen una risa intensa, abrace y toque por demás a la gente del Perú, y eso es un fenómeno en personas como yo, toda la gente me pareció divina, me enamore intensamente del novio de una de nuestras guías, por la pasión y la calidez con la cual describió la historia de sus antepasados los incas y la fe en una nueva nación, los niños, los colores de los niños, sus atrapasueños, la cordialidad, permanente, la calidez, las sonrisas, las canciones compartidas con el guía que nos llevo a Pumamarca, las ruinas deshabitadas hasta de turistas, que personas más bonitas, mas tranquilas, mas amables, mas queridas

Ah y punto aparte Ana y Maria, mis compañeras de viaje; Ana siempre estuvo alegre siempre sonriente; se encargo de toda la logística, hasta de manejar la plata, así que nunca nos tuvimos que preocupar por nada; canto todas las canciones de salsa conmigo – creo que tiene grabadas como doscientas mil canciones en la neurona encargada de procesar la música de emisoras, que palabra más arcaica - además que se las sabe todas, todísimas; cuando se me ocurrió quitarme los zapatos ella también se los quito; nos tomo fotos cada dos segundos; me permitió descubrir las galletas choco sodas de Nabisco y logró que se generara en mi una nueva adicción; toleró con mucha convicción mi indecisión permanente a la hora de comprar; nos llevo a lugares tan bonitos y olorosos como las islas Ballestas, a pesar de que tenía que ir al otro día al trabajo, además nos preparo un delicioso plato de pollo al curry después de una larga jornada laboral; soporto por mi antojo, las filas para entrar a La mar; me cedió un espacio en su vestier para guardar mi ropa, me regalo una bolsita de esas que te dan en las agencias de viaje para guardar el pasaporte y otros documentos, me regalo un block de notas para tomar notas (ja), me llevo a su oficina, me mostró su oficina y sus compañeros, soporto con estoica paciencia mi ataque de locuacidad, mis silencios mañaneros, limpio la bolsa de mis artículos de aseo cuando se derramaron, aguanto además mi intoxicación alcohólica, lo confieso mi capacidad para soportar cualquier grado de alcohol es mínima, así que una torta envinada me emborracha, el astringente me produce guayabo al día siguiente .. . se podrán imaginar lo que produjeron en mi dos copas de pisco sour tomadas de un tirón en Cuzco y dos copas de un vino dulce dulce como el bocadillo, tomadas en Ollantaytambo.

Maria, como ya saben es la hermana de Ana, igual soporto con la misma paciencia o impaciencia? mi necedad permanente, las bobadas inventadas como el saliva saludo y otras tonterías, aguanto también las canciones de salsa, aún me queda la duda si le gusta, además durmió algunas veces en un colchón inflable incomodísimo y me cedió su puesto en la cama cuando por orden de preeminencia, obvio era la hermana mayor de Ana la anfitriona, ese puesto le correspondía a ella; me dejo hacer adelante en el carro y ella atrás, en el puesto en el que uno no escucha nada de lo que están hablando las ñoñas de adelante, se mamo (sic excusen la expresión) toda una mañana visitando museos e iglesias conmigo que es el plan más aburridor, que tendrá de interesante el culto a una muñequita en la iglesia principal de la ciudad? Yo todavía no entiendo, dejo que nos riéramos durante todo el viaje de la historia de carry (por decir curry) es que ser hermana mayor es medio aburridor, las hermanas menores siempre nos tomamos confianza y les perdemos el respeto por completo, o si no que mi hermana mayor contra argumente, resistió mis comentarios impertinentes y descontextualizados, en particular la expresión frecuente “quiéranse”, también le toco soportar como ya lo dije unas frases más arriba mi indecisión a la hora de comprar, mi intolerancia al alcohol, se solidarizo conmigo en la búsqueda frenética por encontrar un cachito solo un cachito de marihuana, aprendió a decir mentiras como yo y al final no era tan seria como creía en la crónica 2.

Así que mejores compañeras de viaje no podré encontrar, un sali saludo súper especial y gracias por s o p o r t a r m e …

lunes, diciembre 19, 2005

Cronica a medias de un viaje a Peru - Primera entrega ...

Una botella de vino barato, un día de esos en que celebramos cualquier fin de año, un parasol, papeles, guías de viaje, contratos por hacer, aburrición infinita, colegio, hierba, ganas de felicidad, que tienen en común diez o doce palabras que en principio no dicen nada, revueltas en las neuronas que aún funcionan en mi cabezota (para los que no me conocen es grandísima) simple, resumen el inicio de mi viaje al Perú.

Entre líneas - Las guías de viaje hablan maravillas de ese país ubicado en un ladito del mapa de la atribulada Suramérica, a uno Perú le suena igual que los programas de televisión que pasaban por la parabólica, cuando existían esas inmensas e inhóspitas antenas, que nos conectaban con el maravilloso mundo de Laura en América y La Chola Chabuca, con la famosa Cerveza Cuzqueña o la tan publicitada Inca Kola, otros más cultos o más revolucionarios, o cualquier mierda (sic) más avezados, tenían música andina del Perú, de esa que aún colocan en las asambleas permanentes de las anacrónicas universidades públicas, tapetes y telas tejidas en el Perú, llamas y alpacas en miniatura y toda la parafernalia proveniente de las montañas andinas.

Igual para mi Perú, era una mezcla de todo y de nada, un poco de historia (la misma que concientemente he olvidado), referencias lejanas de los incas, del cielo gris de lima y de la deliciosa comida peruana, de un guerrillero soñador, vestido con traje de preso de película de cine mudo, de algún grupo revoltoso que existió por allá entre los setenta y los ochenta y que un presidente con ojos de rayitas derrotó.

Esta introducción esta larguisima, y eso que yo solo veo por un ojo, porque el otro es torpe y perezoso, no funciona (gracias a Ala, a Mahoma, al primo de Mahoma que sale en todo crucigrama que se respete, a Buda, y al Sagrado Corazón de Jesús que reposa en una Chifa o chaufa Peruana), porque sino seguramente este texto sería el triple de largo e igual de jarto (de jartera, de la que le da a uno un domingo a las seis, la hora de la desazón suprema - creo que la palabra jarto no existe en el diccionario, el cual debería pero no voy a usar – igual si no entienden es algo así como aburrido).

Pues bien, después de tantos rodeos, debo aclarar, valga la redundancia, que ni mi vida ni yo somos claras, mi nombre es Carolina y les contare, en primera, segunda, tercera y muchas personas, Mi viaje al Perú y por qué lo hice, porque sí, porque un 31 de diciembre lo planee con personas con las que no tengo nada en común y no funciono, porque llevaba casi dos años jugando a oficina y estaba a punto del colapso; de ese que no soportas ni mirarte en el espejo porque hasta tu imagen, pobrecita no tiene la culpa, te cae gorda; por que una gran amiga vive en Lima y esa es una oportunidad excepcional, porque me dio la gana, tome el calendario rayado de propaganda que tengo en mi ordenado cajón (dato adicional para el que no me conoce y por alguna desafortunada circunstancia lea esta crónica soy obsesiva con el orden – hasta rayar un poquito en la esquizofrenia), y programe mi viaje al Perú entre el cinco y el catorce de noviembre, el penúltimo mes del año, y así el viernes 4 después de grandes esfuerzos por tratar de dejarlo todo al día en mi salón de juegos o de purgar mi cadena perpetua (yo no tendría una definición exacta del trabajo), a las ocho de la noche estaba en mi pequeño apartamento terminando de empacar las ultimas cositas tan innecesarias para cualquier viaje de turista, una bolsita con algodones, dos bolsas de tela por si las moscas negras, tres pares de zapatos, uno nunca sabe de pronto y le da al cielo de lima por soltar un chaparrón (he batido un record, para mis anteriores viajes, tuve que pasar derecho entre un mes y tres semanas y el día anterior al viaje amanecer hasta el cansancio y salir directo al aeropuerto mientras mis pacientes hermanos empacaban y hacían fuerza por mi) y tratando de leerme un libro larguísimo de J. Lockart sobre Historia de América Latina haber si alcanzaba trascender en este viaje lo meramente turístico, pero que va yo soy lo más superficial del planeta tierra, más que cualquier versión copiada de la gata japonesa, la misma que todos conocen como Hello Kitty.

Ahhhhh se me olvidaba, esta crónica, como a la vieja usanza va por entregas, por lo tanto si les apetece leer la próxima contéstenme el correo solicitando la segunda, si les aburre y no me escriben nada respetare su silencio y nunca más recibirán esta mal escrita historia.


Segunda Entrega ...

A las seis y cuarto en el Aeropuerto El Dorado, confirme por teléfono con la hermana mayor de Ana, mi amiga del cole que vive en Perú y que también iba al paseo – casi desisto del viaje cuando me entere que ella iba, primero porque supuse que las dos hermanitas querrían compartir sus vacaciones, desatrazarse de historias familiares, reconstruir el árbol genealógico, acordarse de la infancia, el añorado bizcocho de la Macarena, el Oleeeeeeeeee de las temporadas taurinas y el trancon para entrar a la urbanización y todos los lazos familiares del caso y segundo, porque yo soy medio m… medio tímida, medio seria … medio aburrida, medio ciega (esta ya la sabían) y cualquier situación que signifique alternar socialmente es para mi un limite - sin embargo respire profundo (por la única fosa nasal que funciona) y a las seis ya estaba en pie, llegue un poquito tarde al aeropuerto, Maria Adelaida, estaba lista en la fila, el saludo de rigor para romper el hielo, los tramites propios de cualquier viaje internal. ayudan además, así que sin cruzar muchas palabras salvo las preguntas y respuestas estándar de la vida, ya estábamos las dos en el avión rumbo al desapacible cielo de la ciudad de Lima.(Si, la ciudad que Pizarro mando a fundar en 1535 en un lugar conocido como Valle del Rímac donde había un pequeño caserío de indígenas "sano y airoso", con excelentes salidas, extraordinarias tierras para cultivar y abundante leña)

Desde el avión , pegada mi narizota a la ventanita solo se veía una masa densa de nubes, la misma que se forma por el choque de los vientos con el relieve, que eleva el aire y condensa un manto nubloso sobre el que se posa como una tapadera, el sol se ve como una mancha blanca y no puede ni siquiera adivinarse el cielo azul, el mismo cielo azul intenso de los mejores días de fresa. El cielo descrito por Melville en Moby Dick como gris y seco, cuyas nubes no saben llover (que bonito) el cielo sin cielo. El cielo gris del Valle del Rimac


Así sin mas ni mas como a la una y un poquitin, estábamos en el aeropuerto de la capital peruana metiéndonos; (no marihuana) como típicas colombiches (dicese de la colombiana madurada biche), lo confieso fue iniciativa mía no de María; en la fila (que lata hacer fila en vacaciones) de los bonachones turistas europeos y los miles de ojitos rayados que visitan el Perú. Siiiiiiiiiiiii oficialmente iniciaba mis vacaciones, que palabra tan poderosa y tan efímera, sin días ni horas, ni cuentas de teléfono, seis horas de vacaciones y ya se me había olvidado que alguna vez fui al colegio y más a trabajar, camine separada como dos centímetros del piso sin haber realizado ningún curso de yoga o levitación trascendental o más bien era el poder de mis botas, mis botas nuevas Stonefly? ( … Un día cuando te vuelvas descubrirás que no estoy sola estarán mis botas de cobowy … Cristina y los Subterráneos)


Tal vez el efecto haceeeeeeeeee rato no tenía vacaciones o me mameeeeeeeeeeeeeee de la Corporación, como un tin tin de hada madrina de cuento viejo de Disney, hizo que todo lo que veía, tocaba, olía y comía fuera más bonito en mi viaje al Perú, Viva la bandera blanca y roja y toda la cholamente (me hacen hasta falta) y chalacamenta.

Los chalacos, si son los cholos pero los que viven en el Callao, donde queda el aeropuerto, es moderno pero esta ubicado como en un remix de Itagui, Zabaneta, Bello, Girardota, Dosquebradas, Buga La Grande, Tulúa, Paloquemao en Bogotá, con brisa pegajosa de mar (alcanzaran a entender esta descripción cuasi literaria, o más bien frase de cajón, de escalera municipal)

Así es el Callao, al menos la calle que yo recorrí, en un taxi, hasta el apto de Ana, y con un conductor que pensó que yo me llamaba Karina, si Karina con K como nombre de TV y novelas, mi primer contacto peruano una calle remix, claro el Callao, el mismo lugar donde deben caminar miles de Pedro Navajas (seguro victorinox chiviadas), Juanitos Alimañas, Tanias … las de la canción de Fruko, Gitanas y miles de pirañas, el distrito donde hacen el festival Chis Pun Callao y que viva la tecno kumbia - guapejeeeeeeeeeeee.

Entre líneas – a estas alturas del partido torcido en la cabeza – yo que no tengo motricidad, ni son ni tumbao, ni acento caleño veeeeeeee, me dio por escuchar salsa y de la metálica, por eso en adelante esta crónica que esta más larga que cien años de soledad y que el Quijote que nunca me voy a leer - no llevo ni medio día de viaje y como cuatro hojas escritas – va a ser bastante musical.

Si llegaron hasta el final solo me queda agradecerles por mamarse (sic) esta crónica de viaje cansona, de esas que uno se tiene que aguantar sin querer escuchar, esta segunda no se la envié a tantos suscriptores como la primera la termine de leer y no dice nada, si todavía resisten una más, recuerden que sólo llevo como una hora en lima, y ya van dos entregas, me mandan un correo respondiendo, si están hasta la coronilla la que queda arriba en la cabeza por donde se le salen a uno las neuronitas, no me escriban y ya esta.

domingo, diciembre 04, 2005

Tercera Entrega ...

Tercera Entrega: El cielo no es azul cielo intenso, es gris y seco - arriba todo esta tranquilo y melancolico - el mar no es azul oscuro, ni real, ni ultramar, ni siquiera azul grisaceo menos azul palido, no alcanza el azul pastel de la carta de colores, el mar igual que el cielo es gris neutro. Mi corazón no palpita (tranquilos aún sigo respirando) más rapido o más despacio, simplemente palpita, igual que cuando tomo el bus en la septima, o cuando escribo un oficio, incluso cuando dibujo un mamarrachito, el viento sopla muy fuerte y yo estoy viendo a Lima, distrito de Miraflores desde arriba.

Larga introducción para una tercera entrega corta, el domingo después de superar la altura de rigor, recorremos Lima desde el estomago - a la manera de Gargantua y Pantagruel - desde la comida, empezamos con una exquisita causa oriental, adaptación de la tradicional causa limeña (imaginense un pure de papa criolla con mucho limon y a eso ponerle mucho color y de la papa si que vive el hombre) este plato proviene del quechua "Kausaq" que significa " Lo que da vida". Después y despacio, señores llego la hora como dice la canción, al frente LA MAR, no el mar gris limeño, ni ningún poema de marino, la Cevicheria de Gaston Acurio, el cuasi motivo por el cual programe mi viaje a Perú (uno siempre lleno de subterfugios, de evasivas, de pretextos, de palabras artificiosas)

En la Avenida del mismo nombre, después de esperar dos horas, entre globos morados y carpetas de papel seda celebrando la fiesta del señor de los milagros (el mismo que los hace en Colombia), se encuentra ubicada, la cebichería La Mar, el último local inaugurado por Gastón, "el más original y obstinado difusor mediático de las inagotables bondades de la gastronomía peruana", dos horas de fila (no se deben hacer en vacaciones, ni siquiera para subir a las montañas rusas de disney y estudios universal) para hinchar los pomulos y enchocolatar los ojos por que literalmente fuimos a comer pescado crudo con sal y mucho ají ... ardor en la boca, en la garganta, en la sangre, bajas al infierno, subes a los cielos (claro si te han dado visa en la Embajada de los Cielos, la misma que queda en la Avenida Javier Prado en Lima), todo al mismo tiempo y luego profanamos este delicioso y suculento festin, con un DERRUMBADO DE CHIRIMOLLLAS , de Puta Madre (Sic) y que vivan las papilas gustativas, las fosas nasales, el esofago y el estomago, además de las neuronas encargadas de procesar en la masa cerebral el sabor, el olor, el color de las comidas ahhhhhhhhhh y no importa después de LA MAR, me quedo viviendo en el limbo (pssssssssst parece que .... como el cielo y el infierno tampoco existe) si el mismo en el que me encuentro hace dos años comiendo sanduchitos. (Cronica de una Adicta)

*


... Mundo Fantasma, título copiado del comic de Daniel Clowes (1993 - 1997) la historia de unas chicas con problemas de integración "Convertirnos en pateticas sombras de nosotros mismos mientras descubrimos que la vida no es eso que creiamos de pequeños" ...